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171. RELATOS INVISIBLES ⓮ UN AS DEL BILLAR CANALLA

miércoles, 13 de marzo de 2024

 

 

Artículo que apareció en El Periódico de Barcelona el 15 de diciembre del 2017.

 

https://www.elperiodico.com/es/barcelona/

 

 

EL LOBO MÁS UNDERGROUND

(Por Carlos Montañés) 


 

Un campeón del billar americano y de sus circuitos más subterráneos explica su fascinación por el juego y partidas inolvidables.

 

 

 

Que uno necesita una máscara para mostrarse como es Jesús Martín lo aprendió en una mesa de billar.

 

Esta escena sucede en los billares Alpe, en Gran Vía con Aribau. La providencia ha colocado este local justo en el camino entre su casa, en Sant Antoni, y el Institut Maragall. No ayuda, desde luego, que en el portal contiguo el bar Frankfurt Marienbad abra sus puertas a rockers que liban medianas mientras suena, C'mon everybody, una más, Eddie Cochran. Campanas de catedral, tintineo de botellines y Teenage heaven. 

 

Aunque Jesús visita esa barra donde se acodan Loquillo o Carlos Segarra, entre otros, atrapa la verdadera fascinación en el otro garito. Baja las escaleras escarpadísimas ese día de finales de los setenta. Las baja sin vértigo, porque a los 17 años uno no tiene vértigo, sino que lo busca, y lo primero que ve son unos ventiladores gigantes, aspas tamaño avión comercial, enormes columnas de fundición y todos esos tapetes de colores y enjambres de bolas chocando y pidiendo paso. Al fondo, el Club Ibérico, donde los abuelos disfrutan de la calefacción. 

 

Jesús suele jugar con Llopis, uno de ellos. Le gusta su compañía. "Yo antes era un primera", le dice. "Pero ya se sabe, uno pierde la vista", añade. No ha vislumbrado Jesús el centelleo del talento que dice atesorar el viejo, hasta que un día encadena once carambolas a tres bandas. Lo nunca visto. "Hostia, vaya tela", le dice al abuelo. Este, siempre dispuesto a reír, frunce el ceño y, mientras entiza el taco, suelta: "Es que a veces me disfrazo de jugador".

 

Han pasado cuatro décadas y Jesús no solo conserva la historia, sino el talento para explicarla. También las patillas con forma de hacha, la cadena que conecta bolsillo derecho y la cartera, la sudadera con cruce de navajas y Blood Brothers. Y, lo más importante, preserva ese consejo. Es pintor, da clases de pintura y eso es lo primero que les dice a sus alumnos: "Para ser artista tienes que creértelo. Y parecerlo. Todos somos actores".

 


En el billar americano, nada es lo que parece, pero, chico, las cosas son como son. La bola blanca con la que se rompe el triángulo arcoíris, por ejemplo, no es como el caballo blanco de Santiago, que es, como saben, blanco. La bola blanca del billar trotado tiene pinceladas de tiza azul, acné de muescas por el uso y no es blanca, sino color hueso

 

El color de la gabardina que Jesús heredó de su padre y que paseó, tupé y botas camperas, por todos los billares clandestinos y oficiales de la ciudad. La que llevaba mientras desplumaba a ropers (pringados), la que vestía cuando era un shark (tiburón que se alimenta de ropers), la que llevaba a los torneos entre bares y luego a los nacionales, mientras silbaba temas de Willy DeVille y de Los Lobos. Porque a Jesús, en el mundo del billar, lo llamaban Jesús, pero también el Lobo. O el Rocker. O el Lucky Luke. "O también el Cabrón, cuando la partida me salía bien", dice, y se ríe, antes de darle un bocado a una croqueta de cocido en el Bar Elisabets. Decía Mark Twain que el juego del billar había destruido su disposición de natural dulce. No es el caso.

 

¿Pero por qué llevaba esa gabardina blanca? Decíamos ayer que el billar es, como la calvicie o el dinero, hereditario. Su padre, Jesús Martín Carod, era un exiliado de la guerra que regresó de París amando por igual las guitarras, los billares y los tangos. "Son mi música, yo viví durante mucho tiempo como un malevo, como dentro de un tango", explica.

 

Su padre le inculcó la afición en los billares La Gavina, por Avenida Mistral. "Me cogió mi primer tutor y de ahí empecé a saltar a todos los clubs y salas de la época", explica. El Jesús adolescente paraba en el Capsa o el Maldà a ver pelis europeas y luego visitaba los sótanos donde pedía una Pepsi grande y miraba y enfilaba bolas. Una detrás de otra. Tragabolas en el Córdoba, el Ars, el Novedades. En el Sidecar, por ejemplo, donde trabajó como seguridad y donde ganó el primer campeonato de ese local: el premio era un viaje a Túnez. Luego se organizaron otros y él disputó otros tantos. "Lo bueno del billar es que juntaba al analfabeto con el artista, al lumpen con el pijo", explica. Como aquel día que los del equipo Sueños, de Sant Just, vinieron a jugar a su bar, un lugar que no habían pisado en la vida: cruzaron la plaza Reial en formación tortuga, juntos como hermanos con miedo, los tacos como lanzas que no usarían: "Yo tenía colegas en todos los equipos. Y como en el Sueños te lo facilitaban todo, al final fiché por ese equipo de peña con pastaAquello era un negocio: los bares de cada barrio esperaban a que llegáramos".

 

Los mejores billares están en los sótanos y las grandes historias en el underground, donde aparecían artistas renombrados que querían vivir en el mundo del hampa, niños prodigio y mafiosos del Este que entraban con la pistola por delante porque un amigo era camello en sus ratos libres: "Cuando vi las pelis de Tarantino, pensé: esto me suena un poco". Ahí van un par de singles a 45 revoluciones. 

 

Cara A. Aparece un tipo colombiano a día 1 de mes con su taco carísimo. Y dice: ¿quién es aquí hombre para jugar? Tú dime un juego con bolas y un palo, contesta Jesús. Se juegan diez partidas a 5.000 pesetas. "Yo solo tenía 20.000, como mucho, pero le digo: a ver, enséñame si tienes la pasta, que no me fío. Y saca un fajo de 200.000", recuerda. Cuatro horas después, Jesús le ha vaciado el bolsillo y le pide que pague las copas de todo el bar. Decía Thomas Jefferson: "Todo gentleman juega al billar, pero alguien que juega al billar demasiado bien podría no ser un gentleman". Especialmente si el otro es un fantasma. 

 

Cara B. Entra en un bar de Montcada todo el equipo Sueños con la pantomima habitual: se hace el borracho, pide perdón cuando engarza dos carambolas (¡menuda potra!), falla a posta. Media hora después, empiezan a ganar y el PIB de ese bar se desploma a niveles de país subsahariano: "Entonces, lo mejor, en aquella época había muchas revistas de billar. El dueño del bar nos miraba mucho hasta que saca de detrás de la barra el fanzine 'Black Ball' y nos enseña una doble página con un fotón enorme de campeones donde salíamos todos nosotros, todos los que habíamos estado fallando tiros durante horas. Nos fuimos corriendo y sin cobrar".

 

Jesús dejó de jugar en el 2001, aunque conserva amigos de la época, algunos con vidas formales y otros de biografías con mil carambolas. Expone sus obras, imparte clases, juega al billar online y si fallara una bola a la vista, diría que es la vista la que ha fallado. Nos dirigimos a la hora de comer a ese templo de otro tipo de billar sereno, el Club Billar Barcelona, que disputa su trofeo internacional estos días y donde Jesús se fundirá en un abrazo con Dani Sánchez, rey de reyes hasta para ateos y republicanos. Mientras me habla de cómo conseguir el retroceso de la blanca, que no es blanca, pienso en que bajaremos al sótano y, por tanto, en aquel relato de Tom Wolfe: "Todas esas narices alineadas tienen un Austin 1.10, hablan con mejor acento, pero él tiene la vida y un lugar secreto adonde acude a la hora de comer, Larry Lynch con su máscara ‘muy correcto’ por las escaleras que descienden negras, negros los techos, girando y girando, hasta que no hay ni dirección y de pronto… underground de mediodía".

 

 

 

 

 

 

 

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170. TRICK SHOTS ❹

viernes, 16 de febrero de 2024

 

 

PRESUME DE LO QUE SABES

 

TRICK SHOT: Literalmente "tiro con truco". Es un tiro que se ejecuta en una mesa de billar, que parece improbable o imposible de ejecutar o que requiere de una habilidad significativa.

 

Hola gente. ¿Creíais que no volvía? Pues aquí estoy de nuevo. 

 

Esta es una colorista propuesta...

 

UNA BANDA DE CUATRO COLORES 

¿Qué harías con 4 bolas de pool y una banda larga con tres troneras?

 

OBJETIVO:

Meter las CUATRO bolas de color y dejar la BLANCA impoluta sobre la mesa...

 


 

169. FARGORATE YA ESTÁ AQUÍ

viernes, 12 de enero de 2024

 

¿QUÉ ES FARGORATE?

 

 

 


BREVE DESCRIPCIÓN DE FARGORATE


FargoRate calcula las calificaciones de los jugadores de billar pool llamadas Fargo Ratings que califican a los jugadores aficionados y profesionales de todo el mundo. Combinar los datos de victorias/derrotas de las ligas locales, las regiones, los países y los continentes garantiza que los jugadores de todo el mundo estén clasificados en la misma escala. 

 

*Una calificación de Fargo de 620 significa lo mismo en Dublín (California), en Luanda (Angola), en Madrid (España) o Jinan (China).

 

Las calificaciones de Fargo son tan útiles para determinar la desventaja de una liga de un pueblo pequeño como para determinar los mejores jugadores por país. Para lograr su visión de una nueva era para el billar pool en la que todos los jugadores de todas partes estén conectados, FargoRate ha creado un sistema de administración de ligas llamado FargoRate LMS que está disponible para que lo usen todas las ligas.

 

A diferencia de los saltadores de altura, que tienen altura, los nadadores, que tienen tiempo, y los lanzadores de jabalina, que tienen distancia, los jugadores de billar no tienen una medida absoluta de rendimiento. La habilidad en el billar, como la habilidad en el ajedrez, debe basarse en el rendimiento relativo, en quién le gana a quién.

168. ONE FOUR SEVEN

jueves, 14 de diciembre de 2023

 

EL NO VA MÁS





En snooker, el break máximo es de 147. Se consigue al embocar las quince bolas rojas con sus quince negras correspondientes -que suman 120 puntos-, a continuación deben embocarse las seis bolas de color -que aportan los veintisiete puntos restantes-.

 

El break máximo es lo mejor que se puede conseguir en un frame de snooker.

 

El primer break máximo reconocido oficialmente lo completó Joe Davis en una partida de exhibición celebrada en Londres en 1955. Steve Davis, en el Classic de 1982 consiguió el primer 147 en competición profesional, que fue también el primero en ocurrir durante un encuentro televisado.  Al año siguiente, Cliff Thorburn se convirtió en el primer jugador en lograr uno durante el Campeonato Mundial. ​ El centésimo llegó de la mano de Mark Selby en diciembre de 2013, durante el Campeonato del Reino Unido, ​ mientras que David Gilbert logró el 147 número 147 en la Championship League de enero de 2019. ​ Ronnie O'Sullivan es el jugador que más ha completado hasta la fecha, quince,2​ y tiene también el récord del más rápido, que logró en poco más de cinco minutos durante el Campeonato Mundial de 1997.
 

167. LA CENTENA

martes, 14 de noviembre de 2023

 

JUGADORES CENTENARIOS

 

 

 

En snooker, una centena se produce cuando un jugador alcanza o supera los cien puntos seguidos en un frame.

  

En la tabla inferior podéis ver los jugadores que más centenas han conseguido en toda su carrera hasta el día de hoy. (Octubre 2.022).


Como podéis comprobar, el liderato  de breaks iguales o superiores a 100 puntos lo sigue ostentando Ronnie O’Sullivan.